¡El fútbol! El fútbol mueve al mundo, algunos critican esa locura que genera el balón, otros son indiferentes, pero la mayoría ríe, grita, llora, pero más que todo sufren por el fútbol, es tal la importancia que existen más equipos de fútbol afiliados a la FIFA que a la ONU (la explicación solo se puede ver con Gran Bretaña), a los países les preocupa más una sanción al fútbol, que una de la ONU, OMC o similares; por su importancia es que muchos equipos de fútbol son parte del sistema de empresas de familia.

El RCD Espanyol de Barcelona está controlado por inversores extranjeros,  el grupo chino Rastar, dirigido por el empresario Chen Yansheng, Rastar  se dedica, entre otras cosas, a la fabricación de juguetes electrónicos y la venta de videojuegos por internet.  

Chen Yansheng será el primer millonario procedente de China que «se compra» un gran club de fútbol en Europa, aunque ya se han producido otros movimientos de grandes fortunas chinas en el mercado futbolístico mundial, pues el magnate chino Wang Jianlin, presidente del grupo Wanda, un conglomerado empresarial que gestiona hoteles, centros comerciales y otros edificios, se hizo con el 20% de las acciones del Atlético de Madrid; y la empresa china Qbao patrocina el Rayo Vallecano.

Los magnates que en los últimos años se han hecho con el control de los grandes clubes europeos de fútbol proceden de todos los rincones del mundo. De momento, sólo se les resiste Alemania, ya que la Bundesliga obliga por ley a que la mayor parte de la propiedad de sus clubes pertenezca a los socios del club (lo que se conoce como la regla del 50+1, puesta en marcha expresamente para evitar que el control de un club pueda acabar en manos de una sola entidad). 

En la Liga Española, además del caso del Espanyol, hay otros tres clubes que pertenecen a capitales extranjeros: El Málaga, propiedad del jeque Al-Thani, el Granada de Giampaolo Pozzo, un empresario industrial que también es propietario del Udinese en Italia y, a través de su hijo Gino, del Watford inglés, y el Valencia, propiedad del empresario nacido en Singapur, Peter Lim, que asumió toda la deuda del equipo en 2014. 

Además, hay otros clubes que están controlados por empresarios españoles, quienes, de manera directa o indirecta manejan la mayoría de sus acciones: Es el caso de Fernando Roig (Pamesa, Mercadona) en el Villarreal o Carlos Mouriño (Grupo Corporativo GES) en el Celta de Vigo.

Todas las anteriores empresas de familia, que conciben el fútbol como pasión, pero también como una forma de status, dividendos y posibilidades negociales adyacentes, miren a Florentino en el Madrid. 

En la Premier League, abundan los propietarios procedentes de Estados Unidos: E. Stanley Kroenke (Kroenke Sports), en el Arsenal; la familia Glazer (con múltiples empresas deportivas y bienes raíces), en el Manchester United, o el inversor  John W. Henry  en el Liverpool, entre otros. También hay dueños de clubes que se han hecho millonarios con las apuestas Peter Coates, de Bet365, es propietario del Stoke City, con las tiendas Duty Free la familia de origen tailandés Srivaddhanaprabhay, que controla el Leicester City, con la escritura y los programas de televisión de cocina (el matrimonio Michael Wynn-JonesDelia Smith, dueños del Norwich City) y hasta con la pornografía (David Sullivan, del West Ham United). 

Y por supuesto, están algunas de las grandes fortunas del mundo: el magnate del petróleo Roman  Abramovich del Chelsea, o el jeque  Mansour bin Zayed Al Nahyan del Manchester City.

En Francia también hay multimillonarios que tienen su propio club de fútbol. Entre ellos,  François-Henri Pinault (Rennes), uno de los hombres más ricos del mundo,  presidente de un conglomerado de marcas de lujo (Gucci, Balenciaga e Yves Saint Laurent, etc.); la rusa Margarita Louis-Dreyfus (Olympique de Marsella); el también ruso  Dmitri Rybolovlev (Mónaco), que ha hecho su fortuna con las minas de potasa que posee en los Urales; o el jeque Nasser Al-Khelaïfi, propietario de Bein Sport, quien controla el PSG junto con Qatar Sports Investments.

Por último, en Italia, la mayoría de los propietarios son empresarios nacionales. Algunos son clásicos muy conocidos: Berlusconi, que hizo su fortuna con Mediaset antes de ser presidente del AC Milán y, posteriormente, de Italia, aunque ya por desgracia no es presidente ni dueño del Milán,  o la familia Agnelli, propietaria de la Juventus y del grupo automovilístico Fiat. Erick Thohir (un indonesio que hizo fortuna con el petróleo) es el dueño del Inter de Milán después de comprar en 2013 el 70% de las acciones del club a Massimo Moratti. 

Dos de los dueños más estrafalarios son productores de cine (Aurelio De Laurentiis en el Nápoles y Massimo Ferrero en la Sampdoria); y cómo no, hay varios empresarios que se hicieron ricos en el mundo de la moda, como Diego Della Valle (Fiorentina), dueño del fabricante de zapatos y prendas de cuero Tod’s; o Maurizio Setti (Verona).

En Colombia

Para empezar, tenemos al Atlético nacional, que fue adquirido por el Grupo Ardila Lülle, familia empresaria colombiana por excelencia y que en los últimos años ha dominado el torneo colombiano. Esta empresa familiar tomó las riendas de los ‘verdolagas’ en 1995, el club ha tenido grandes inversiones y ganancias económicas y deportivas.

Otro de los históricos, América de Cali, naufragó en la incertidumbre de la B mucho más tiempo del que se creyó en un principio, Tulio Gómez decidió adquirir más del 50% de las acciones del club para buscar un nuevo rumbo que tuviera como destino la A.

El líder de los supermercados Super Inter y otros negocios ganaderos fructuosos en Colombia, tomó el mando del equipo y aunque deportivamente hablando no ha recuperado su pasado, se trata de una historia de éxito en el marco de las familias empresarias.

Tal vez el caso más reconocido de una familia dueña de un equipo de futbol, es el Junior de Barraquilla, máxima expresión del futbol en la costa de Colombia, controlada por la familia Char, una de las más ricas del país, dueñas desde 1972, además de ser dueños de las supertiendas olímpicas,  y familia política por excelencia.

El mundo del fútbol sin importar la profesion nos muestra que es un campo de las familias empresarias.

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