La necesidad de hablar sobre los conflictos

LEONARDO CORREA RODRÍGUEZ

He recordado en alguno de los múltiples webinars que encontramos hoy en día producto de la pandemia, este sobre la  empresa familiar, sobre la diferencia entre una empresa familiar y una no familiar, que radica, en que las reglas en las empresas familiares las establecen sus dueños, por lo tanto, cuando mejor les convenga las pueden romper.

Soy de los que piensa que las familias no requieren siempre total armonía, ni acuerdo generalizado, tampoco hablo del conflicto generalizado, pero me gusta utilizar como ejemplo las ollas exprés, esas ollas que sirven para cocinar diversos alimentos y que emiten un sonido característico.

Me parece la mejor reflexión posible con las familias, una familia empresaria, debe tener discusiones porque elimina la presión que existe sobre la relación, permite que los problemas puedan enfrentarse en sus pequeñas etapas, o si no pueden explotar cual olla mal cerrada, y destruir todo. Evitar los enfrentamientos a toda costa también puede tener graves consecuencias. 

Para casi todos nosotros, los conflictos no son el mejor escenario, más en el ámbito familiar (lo han popularizado las películas con las fiestas de navidad, o el famoso Acción de Gracias en los Estados Unidos) y cuando nos ubicamos en las empresas familiares, quienes además han presenciado la manera cómo estos conflictos arrasaron empresas y patrimonio, es más complejo.

En Colombia, cada día salen a luz casos generalmente en procesos de segunda y tercera generación, donde los miembros de la familia empresaria se han enfrentado; generando peleas sin cuartel de carácter jurídico y empresarial, solo para tener en cuenta, conflictos en empresas como Servientrega, Lafrancol y Todelar, empresas familiares, que han desencadenado unas disputas de orden legal y publicitario que han perjudicado no solo su imagen sino sus resultados económicos.

En el mundo son muchos los casos de conflictos familiares, los hermanos fundadores de Adidas, cuyo conflicto generó la creación de Puma, los conflictos en el gigante surcoreano Samsung también son de público conocimiento.

El miedo al conflicto, a resolverlo o discutirlo por mantener apariencias o por buscar evitar la conflagración de este, puede ser peor, pero la realidad es que el conflicto familiar debe ser tomado en cuenta para evitar fracturas permanentes, con honestidad y eficiencia.

La realidad es que ni mucho ni poco está bien en la dinámica de una familia. Cuando hay mucho conflicto la empresa se ve castigada en la administración, sin embargo, cuando no hay conflicto sino una tensa calma se percibe una explosividad esperando el primer conflicto para desatar el fuego por el reino de la familia empresaria,

Es entonces en el medio, en la parte tibia, en el centro, donde es saludable; pues se plantean las desavenencias, se buscan las soluciones y se resuelven los conflictos sin que sea un conflicto sin fin, y un deterioro innecesario de la relación familia-empresa.

La conjunción de distintas generaciones dentro de la familia, con distintos intereses es una de las más evidentes fuentes del conflicto, esto implica que la gestión del conflicto es lo más importante, puesto que no es posible su eliminación, él mismo se va a seguir produciendo, así se quiera evitar ver la existencia de este.

Entonces, ¿qué hacer?, las que están muy bordeadas de conflicto deben buscar las herramientas que reduzcan la potencia del conflicto, lo que conlleva a relaciones sanas pero que se propician partiendo de escuchar la posición del otro con mucha empatía y ánimo de solución.

Las que no tienen conflictos porque parecen un espejo entre todos sus miembros, o así se presenta para evitar discutir, deben escuchar a todos sus miembros donde probablemente hay diversos puntos de vista que necesariamente no implican conflicto, pero sí implican una discusión de los temas que acogen a la empresa y la familia.

Como ya hemos dicho, no hay familias Disney, hay familias verdaderas, con intereses distintos, con visiones políticas, sexuales y económicas diferentes, que les unen los lazos de sangre y el interés de perdurar, lo que implica irremediablemente discutir sobre el conflicto.

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